Conocí la obra de Diego Velázquez a la edad de doce años que fui al Museo del Prado. Su cuadro de las Meninas me impactó profundamente por su manejo de la perspectiva, la pincelada magistral, el misterio que encierra, la historia que cuenta.
Eso hizo adentrarme más en estudiar a los personajes y así descubrí que a la Infanta Margarita la casaron a los 14 años con el tío (un hermano de la madre mucho mayor que la infanta). Ella fallece a la edad de 21 años dando a luz a su cuarto hijo. Esto me indignó profundamente y más porque, tristemente, de alguna forma sigue pasando, aún en nuestros días.
Cuando decidí hacer mi cuadro “La Monina” de Colmenares tenía claro que lo que quería hacer era un cuadro de denuncia, un gritar ¡ya basta! No podemos permitir que sigan vendiendo y abusando de ninguna niña.
Así que sustituí a la infanta Margarita por una muñeca de trapo, porque así la trataron, así fue su vida. Me pinto yo en el lugar de Velázquez porque no estoy haciendo una copia, estoy reinterpretando su obra. En el espejo en el cuadro de Velázquez él pinta a los Reyes, los padres de la Infanta, como para mostrar qué es lo que está viendo. Yo en el espejo pongo a Velázquez, primero como un tributo, y segundo como para tratar de verlo a través del espejo, tratar de entrar en él, conocer el misterio que encierra la pintura que está haciendo y cómo la hace.
El perro de el cuadro simboliza la fidelidad, yo lo sustituyo por un xoloizcuintle (en la cultura azteca es quien guiaba a las almas al inframundo). Así también sustituyo al enanito por un diablito juguetón, que representa a Judas y tiene que ver con la traición.
Como pueden ver es un cuadro lleno de simbolismos para gritar ¡ya basta! Los artistas tenemos el compromiso de sacudir consciencias, de dar mensajes para intentar vivir un mundo mejor.
COTIZA